La política cultural del hippismo, más política económica que cultural

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La política cultural del hippismo, más política económica que cultural

Rento González

 

Para dar un ejemplo de cómo sin pensarlo mucho, el ser humano hombre y mujer de lo particular a lo general,  en su intento de tener, han dejado de ser.

Veamos a las instancias más límpidas, como lo mencionan quienes dicen serlo; al tratar de condecorar en ceremonias póstumas a los ideólogos de los movimientos sociales, exponentes de los movimientos artísticos, próceres, víctimas y mártires de las luchas por los derechos civiles; en el medio mercantil de la farándula en la que se convirtió, la recién intelectualidad cultural y artística, en específico de México.

Comenzando quizás para no ir tan lejos, con los emblemas de la época del amor y paz de los años sesentas, de los movimientos contra las guerras, de los más irreverentes con los estereotipos del conservadurismo, fundadores de los movimientos artísticos sociales y populares de la llamada contracultura en Latinoamérica y en México en específico.

Movimientos culturales; que en varios casos más tarde que temprano, por lo históricamente sólida conformación de las dictaduras, desde finales del siglo XX e inicios del XXI; han logrado tener posiciones de poder político en parte del continente americano, llegando a ser al cabo de algún tiempo, autoridades políticas y culturales afines al amor y paz.

Desde los intelectuales y políticos incondicionales, líderes de opinión, líderes sindicales y estudiantiles en su momento, líderes de organizaciones indígenas o de organizaciones no gubernamentales, activistas de las luchas de genero afines también al amor y paz, y algunos otros exponentes del arte y la literatura, entre base social marginal.

Todos incondicionales de la supuesta modernidad de las civilizaciones, concebidas como una idea conceptual, estructurada en forma plástica y superficial; funcional o útil en términos teóricos, tecnológicos o industriales, y no en términos prácticos, sociales y humanos. Con criterios decisivos y finales; en programas, proyectos y planes de acción, incluso en lo que deberían de ser las publicaciones de libros literarios, o en la ciencia o en la economía; que permanecen sujetos al criterio de acuerdo a la posibilidad de venta y la publicidad de los intereses de los discursos de las agendas políticas, sujetas a los grupos del poder.

Publicidad de discursos hegemónicos, que aunque fallen en su estudio de mercado, con discursos despegados de muchas realidades y con una repetición sin ninguna novedad; con publicaciones y producciones de trabajos bien remunerados o estimulados, que sin embargo no estimulan la lectura ni causan ningún desarrollo y sí mucha descomposición y vacío existencial. La publicidad mercantilista de hacer como que sí; en un ambiente social de una publicidad o divulgación de la mentira como si fuera verdad.

Esto, en la inmersión de los poderes políticos a los dictados de la hegemonías colonialistas, que han abandonado los principios filosóficos y políticos del socialismo o mejor dicho las políticas sociales.

En términos históricos, hablar de la época del amor y paz sería hablar de la época del hippismo; y hablamos de un movimiento cultural que no necesariamente se trató de un movimiento organizado, sin quitar el mérito debido y bien merecido, a un movimiento mundial espontáneo y en respuesta a las guerras.

Que, sin demeritar el término, hablamos del movimiento cultural espontáneo y romántico; que, en especial al pasar el tiempo de 50 a 60 años, es un referente en el movimiento pacifista contemporáneo; del llamado movimiento Rainbow family o Familia arcoiris, o del movimiento Pacha mama actual y a la par del Hinduismo de la no violencia y el no deseo; que por lo general se tratan de movimientos, principalmente anti políticos y si son críticos con la explotación y la injusticia, generalmente tratan de ignorarla.

Y hay que mencionar, que en un grado y un porcentaje muy notorio, en muchos casos, hablamos de hijos y protegidos de la clase poderosa, belicosa y dictatorial; que, pueden no preocuparse para ganarse la vida, porque gozan de una condición privilegiada; y pueden y deben disculpar la impunidad, como empleados que son de la derecha, para estar en la izquierda.

Burocracia teóricamente con un perfil cultural y social de izquierda política, y democráticamente progresista; heredera de una revolución traicionada, que se conforman de una mezcla de perfiles políticos muy variada, y que generalmente coinciden en ser de una misma clase social, conocida como la clase gobernante.

Y, aunque la diversidad es válida en la política, y es inválida si niega o desaparece la particularidad y las diferentes realidades. Los exponentes de la corriente de corrientes, que quedan sin corriente; que bien pueden ser más pragmáticos que universales y, más epicúreos que estoicos,  o  con un perfil aparente de izquierda progresista y en la práctica con el nepotismo, los amiguismos, los patronazgos y las corruptelas; suelen ser de derecha totalitaria.

El hippismo contemporáneo, que puede resultar originar, promover y crear, una clase trabajadora y obrera inconsciente, que finalmente se vuelve déspota; como lo que suele llamarse el complejo de inferioridad vuelto de superioridad. Que de ser un pueblo atropellado pasa a ser uno arrollador, como ha sucedido con el fenómeno mundial de la política judía en específico, o de lo local de despojados a despojadores, como son los grupos marginados que ahora trabajan con los grupos de poder, empoderándose y corrompiéndose.

Particularmente se puede ver, un movimiento cultural en México donde recientemente se ha externado la queja, de que ahora en este período de gobierno; al igual que en la ciencia, se han reducido sus ingresos y becas, y cuentan con un menor presupuesto sin que se olviden de las mismas costumbres, de ganar de la fiesta y el circo.

Confirmando con el hippismo de hoy y aquí, en la política cultural; lo que decía un de los reyes magos de la ciudad, cacique municipal y artífice de la desaparición del exponente del agrarismo chiapaneco y con él, del liderazgo moral de la política chiapaneca; tío del sobrino hippie promotor de cultura que incluso lleva el mismo nombre.

Cuando refiriéndose a los de izquierda; decía que gustaban decir que buscaban el poder para poder hacer condiciones de vida social y cultural más justas, cuando en realidad quieren el poder de gobernar para llegar a ser ricos y poderosos.

Como crítica no muy errónea, a la parte reaccionaria del conservadurismo de la izquierda contemporánea, en muchos casos; como la del hermano promotor de la cultura que aprendió de su hermano mayor todo del arte y la cultura, y que además de no reconocerlo, tras la muerte del hermano, pasados los años, recientemente en un video autobiográfico, dice de sí mismo que era él, el que hacía el trabajo del hermano.

Como el mago decía ser “del plumaje de las aves que cruzan el pantano y no se ensucian”, como decía y era su cuñado el exponente del agrarismo; en alusión al poema “A Gloria” de Salvador Díaz Mirón, que sin duda el mago no conocía, como no conocía a su cuñado que intrigó, desfalcó y borró del mapa.

Tal como se decía de la rectitud de los grandes dictadores, que imaginaban ser honestos y rectos como sus antecesores y víctimas; el movimiento cultural libertario de América Latina finalmente fue comprado y enajenado, como lo fueron los sucesores del agrarismo. Y, de la ciudad al Estado y al país, el gremio cultural y social de la izquierda de la derecha, afín al amor y paz; fue avalado por los procedimientos legales institucionales confeccionados en la época y el Estado causante de la corrupción, en la legalización de lo ilegítimo en la historia del país y del mundo.

Con un movimiento cultural, más político mercantil que cultural, que conserva la misma estructura y planificación; como si las elecciones les diese la licencia vitalicia, para poder apropiarse del patrimonio nacional y cultural y familiar; como es común en la traición y lo impune del México heredero de una vieja escuela, de hacer de lo injusto lo legal.

Movimiento cultural que con la voluntad o no, del manipulado, engañado y engallado pueblo, en teoría dueño del patrimonio en bienes materiales y culturales; que siempre ha sido codiciado y menospreciado, por el poder colonialista que malagradecido y acomplejado, actúa con el síntoma más claro del racismo mundial de avergonzarse de sus raíces y venerar lo ajeno.

Al sobrevalorar a los Best Seller y silenciar los motivos y las causas de la realidad oculta; aduciendo hacer cultura sobrevalorando lo superficial y robándole su esencia y patrimonio, dándolo al mejor postor o al mejor impostor.

Sin poder hacer una historia original y hacer más de lo mismo de interpretaciones clasistas de todo; como si el conocimiento fuera una fiel repetidora de manuales de superioridad; o un manual para escalar de posición social  o para ser aceptado por una clase política, si se apega al discurso científico de los poderes y discursos coloniales.

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